Unos días después de la muerte

Unos días después de la muerte de Rosa Queralt, una querida crítica de arte de Barcelona, Facebook me anunció que “Rosa Queralt likes the New York Times”.

El recordatorio produce un primer shock, por supuesto, una especie de repulsión, porque hay algo de falta de recato en esta manera de nombrar a los muertos, algo de impudicia en esta jactancia de saber lo que les gusta o les deja de gustar. Estos mecanismos que rigen los knowbots crea una especie de vida zombie para todos los usuarios fallecidos, a través de una imagen de sus cuerpos sin vida frente al ordenador clickando en iconos de manos con el dedo gordo hacia arriba.

El fenómeno produce esta impresión porque el sistema de las redes sociales fija en el tiempo ese gusto del usuario, y esto entra en conflicto emocional con un fenómeno como el de la muerte, en el que todo se liquidifica, en el que todo se muestra como estrictamente transitorio. Según la red, Rosa Queralt, a partir de ahora,  will like The New York Times forever.

Sin embargo, uno debería estar habituado a ese efecto, porque es común en otros medios. Probablemente se está demasiado habituado, hasta el punto de que ya no produce ese shock cuando se reciben los gustos de otra persona por medio de la escritura, en un libro, por ejemplo. Leer que a Montaigne le gusta Plutarco no me produce ningún estupor, por más que Montaigne esté más muerto, si cabe, que Rosa Queralt. Sin embargo, aunque ese hecho se fijara en su día, cuando Montaigne lo registró, ahora queda claro para todos que ese momento está muy lejos en el pasado, porque Montaigne no tuvo la suerte o la desgracia de hacer uso de Internet. Quizá si leyera yo en Facebook algo así como “Friedrich Nietzsche likes La Stampa di Torino”, me volvería a sorprender, pero por motivos muy distintos, más relacionados con las técnicas de marketing.

La clave de la diferencia se encuentra en el hecho de que las redes sociales parecen transitorias y fluidas pero, por el contrario, también fijan la realidad, en su caso a pulsos constantes y vertiginosos. Es como si la frase se renovase sólida y fresca de nuevo cada vez que aparece en la pantalla. Vuelve ésta a uno cada mañana, le asalta a la atención, mientras que el libro de Montaigne uno lo busca por iniciativa propia, para refrescar aquello que se sabe fue escrito en un momento preciso del pasado.

¿Qué sucedería si la frase que recibiera fuera: “on the 3rd of November 2014, Rosa Queralt liked The New York Times”? Lo primero que me haría pensar es en qué sucedió ese día y, por asociación, en qué pensó Rosa entonces, en qué noticia pudo animarle a otorgar esa confianza al periódico.

No creo que esta nueva formulación sirviera tampoco para evitar el sentimiento de falta de recato de Facebook. Fundamentalmente porque, aunque Rosa sólo tuviera ese asentimiento con The New York Times un día, parece que sigue respaldándolo ahora. Este reaparecer de la afirmación del gusto que Rosa tuvo ese día sigue siendo respaldo renovado para el periódico, cuando a estas alturas The New York Times puede haber cambiado a un modelo periodístico que a Rosa Queralt le resultara repugnante. El rechazo a este anuncio recibido poco después del fallecimiento de Rosa Queralt responde a este desplazamiento, pero sobre todo al motivo por el que se hace este desplazamiento – ése es la causa que lo hace impúdico – que es siempre conseguir más respaldo para The New York Times, y para Facebook, incluso el de los muertos que ya no pueden desdecirse. Muestra claramente el propósito de toda la operación que, aunque uno lo conozca de sobra, se le escamotea en las recompensas baratas y los pueriles contratiempos de la red.