Jérôme Bel en Documenta 13. El público como arte como público.

 

En cualquier muestra de arte con más de 20 obras, hay un alto porcentaje de las obras presentadas que no son arte, un buen número de obras de arte malas, y algunas obras buenas. En los últimos años la proporción de objetos expuestos que no son arte ha ido aumentando geométricamente. Me considero afortunado si encuentro una buena obra de arte en uno de esas muestras. Me alegra el año.

En Documenta 13, la obra que me ha alegrado el año ha sido Disabled Theatre de Jérôme Bel. Se trata de una obra de arte compleja en muchos aspectos, por la extrema precisión de los pocos elementos, muy simples, que la componen.

Para empezar, es interesante definir su formato.

Disabled Theatre es, como su nombre indica, una pieza de teatro. Tiene lugar en una sala de teatro. La gente espera fuera hasta la hora prevista, entra en una sala clásica de teatro, con paredes y asientos de terciopelo rojo. La cortina se abre y un grupo de actores actúa durante una hora y media. Eso es una obra de teatro.

Sin embargo, el contenido de la obra de teatro se presenta como un re-enactment. La situación es contada como si fuera una repetición exacta de lo que ocurrió el día en que el director de la obra, Jérôme Bel, visitó por primera vez el taller en Zurich donde trabajan los actores. Una voz te conduce durante la obra y explica lo que sucedió ese día. Luego los actores interpretan lo que hicieron ese día exactamente como si estuviera sucediendo de nuevo.

Tenemos tendencia a creer, porque tenemos tendencia a creer lo que dice esta voz, que los actores están interpretando su propio papel y que de hecho están repitiendo algo que sucedió aquel día. Pero esto es algo que asumimos sin tener pruebas adicionales.

La suposición de que esta representación es una repetición de algo que pasó y la suposición de que les sucedió a estas mismas personas están aquí combinadas de tal manera que el público está sutilmente forzado a creer que los sentimientos e ideas que se expresan son las presentes y personales de los propios actores. Eso es interesante, porque hemos empezado estableciendo claramente que se trata de una obra de teatro, donde todo ha de ser creído, pero sin que exista conexión entre el reino de la ficción y la realidad fuera de la obra. Pero el público cree en esta identificación debido a las características especiales de los actores, al hecho de que cada uno de los actores tenga algún tipo de discapacidad.

Los actores discapacitados son especiales porque el público no está acostumbrado a ver personas discapacitadas en el escenario. También, porque la gente no está acostumbrada a mirar fijamente a personas discapacitadas, de la manera que puede que miren habitualmente a actores famosos. Las ideas preconcebidas que el público tiene sobre los actores no son aquí útiles, independientemente de que los que están en el escenario sean o no actores, independientemente de que tengan todas las características de los actores, e incluso sin tener en cuenta el hecho de que han manifestado claramente frente al público, uno tras otro, que son actores. Estas ideas preconcebidas no son útiles porque chocan con las ideas preconcebidas (que no han sido probadas en la realidad y que por tanto son más fuertes)  que el público tiene de lo que es una “persona con discapacidad”.

De hecho, el público no tiene una opinión formada acerca de la relación entre “teatro” y “discapacidad”, o tiene una opinión no muy refinada. Puede que piense, consciente o inconscientemente, que no se debe mirar a personas discapacitadas porque es grosero, o porque es asqueroso. También podría estar respaldando la idea de que las personas discapacitadas no deben hacer teatro, porque no controlan sus cuerpos y sus emociones lo suficiente como para representar el papel de otros (si ni siquiera pueden interpretar bien su papel). El público tiene dificultades para pensar en los discapacitados como “profesionales”

Esto puede dar al evento el ambiente de incluso otro formato performativo, el de un ejercicio terapéutico, de una obra de arte social y de un ejemplo de la utilización del valor curativo de las artes.

Definitivamente se trata de una obra de teatro, con un guion preciso, como se supone que una obra de teatro debe tener, aunque el público tienda a no creerlo así. Los actores repiten en cada presentación la misma obra de teatro, con los mismos actos, las mismas escenas, las mismas frases. Por supuesto que hay algunas diferencias entre las sucesivas representaciones, pero son de la misma naturaleza que existe en cualquier otra producción teatral.

Pero sucede algo más en la sala. Esta combinación de formatos que contiene ficción teatral, realidad escenificada, realidad actual, simulación de la realidad y la simulación de la ficción, revela cuando se piensa en ello, el carácter mismo de este trabajo, que es el de una verdadera obra de arte que todo lo abarca.

La obra se llama de forma engañosa Disabled Theatre. No se trata de una obra de teatro, sino la que la obra de teatro forma parte de la obra de arte.

Estos elementos empujan al público a pensar que lo que están viendo no es una representación, sino personas con discapacidades hablando directamente al auditorio. Por la gracia de la combinación de todos estos elementos, el público ha decidido creer en un lugar común del arte contemporáneo: la operación que ha ejecutado el artista consiste en extraer una parte de la realidad a la que el público no está acostumbrado, y a ponerla delante de sus ojos para hacerles pensar en ella, en la sociedad y en sus propias vidas.

No es éste el caso, esto no es directamente una porción de realidad sino algo orquestado. El artista ha jugado sus cartas con la suficiente habilidad como para hacer creer al público en esta realidad, y ahora está listo para dirigir al público de la misma manera que dirige a los actores. Tan pronto como esto ha sido establecido, la obra puede comenzar.

Los actos de la obra de teatro son los siguientes:

1. Ese día, Jérôme pidió a los actores mirar un minuto al público, uno por uno, desde el frente del escenario y después del minuto volver a bastidores. Los actores lo hacen, como una forma de presentarse. Son 11 actores, hombres y mujeres.

2. Jérôme les pidió que dijeran su nombre, edad y profesión. Así lo hacen. Existe nombres y edades variados, pero una sola profesión, ya que todos ellos dicen que son los actores (o actrices). Después de decir esto, permanecen en el escenario.

3. Jérôme les pidió que dijeran  cuál es su discapacidad. Lo hacen en el mismo orden. Hay una amplia gama de discapacidades, de las personas que pueden parecer “normales” a primera vista, aquellos que tienen problemas de aprendizaje, hasta aquellos con los que parece ser difícil interactuar, como  casos graves de síndrome de Down. Ellos dicen lo fácil o difícil puede ser esta interacción, y cómo viven su condición.

4. Jérôme les pidió que prepararan una coreografía cada uno, con música de su elección. Como interpretar 11 coreografías puede ser demasiado largo, sólo se presentan siete. Siete actores realizan una danza, con diferentes tipos de música y con distintos niveles de coordinación entre el movimiento corporal y la música.

5. Jérôme pidió a los actores ir al frente del escenario y decir lo que pensaban sobre la obra. Cada actor manifiesta su opinión sobre la obra de arte.

6. Como uno de los actores se quejó de que no le gustaba que su coreografía no hubiera sido presentada, Jérôme pidió a los cuatro actores restantes que también bailaran. Los actores realizan el resto de las coreografías.

7. Jérôme pidió a los actores salir al frente del escenario y saludar. Lo hacen y la obra de arte, la obra de teatro, el re-enactment, terminan.

 

El carácter incierto de la obra se muestra en dos contradicciones: si se trata de un re-enactment estricto, no deberían saludar, porque en ese día que se recrea no había público. Si esto es la realidad, el director debería saber a estas alturas la conveniencia de presentar las once coreografías a la vez. La obra de arte es un dispositivo para dejar al público indefenso.

 

El público

La forma en que la obra de arte juega con las ideas preconcebidas del público, o con la dificultad de que el público tiene para incluir las emociones creadas por el evento en sus esquemas mentales, pone al público en un modo de recepción única,  un estado muy difícil de lograr. Todo lo que se les envíe a los espectadores mientras estén en este modo es canalizado directamente a su subconsciente.

El público espera con inquietud el minuto en que cada actor le mira. Uno de los actores, al parecer sin darse cuenta del paso del tiempo, tiene que ser avisado después del tercer minuto, recordando a la audiencia el carácter de lo que está presenciando. El público siente que tiene que soportar esto, porque es algo que precisa ser soportado. Hay tensión hasta el acto número 4. Cuando empiezan los bailes el público ha encontrado por fin algo que hacer. Pueden aplaudir. Los aplausos siempre están bien. Tal vez esto sea la buena acción del día, completamente honesta y de buena fe. Pero sobre todo es un momento de alivio, una posibilidad de organizar sus emociones. La tranquilidad continúa en el quinto acto, en el que hay algunas bromas, algunas declaraciones supuestamente ingenuas por parte de los actores sobre la obra, a las que el público también aplaude y anima. Y de repente, uno de los actores habla del disgusto de sus padres al ver la obra de teatro en la noche del estreno, su ira por el “Freak Show” que acaban de presencia, el llanto hermana en el coche, el rechazo a él como actor profesional. La mayoría del público se congela en ese momento, y el silencio está por debajo de cero.

Algunas personas abandonan la sala después de ese momento. Puede que piensen que se trata de una explotación atroz. Creo que la mayoría del publico está pasando, a pesar de todo, un buen rato pensando que este Jérôme es un buen tipo y que ha dado una oportunidad a esta gente para ser por una vez las estrella, algo que ellos “también” se merecen.

También hay público que sale porque se aburre. Porque ellos vinieron a ver arte y esto es solo asistencia social. No hay pinturas ni esculturas…

Todas estas reacciones son parte de la obra. Muchos miembros del público, por supuesto, entienden bien lo que está sucediendo, las fuerzas que actúan sobre ellos, pero sin embargo sucumben igualmente a la presión. Aquellos conscientes de la magnitud de la obra experimentan el alejamiento de sí mismos que supone el mirar sus propias emociones como si no fueran suyas. Ahora soy el Otro.

La relación entre el arte y el público que se establece en esta obra es la manifestación de arte más intensa que se pueda dar. El público en el arte público no es un elemento creativo, no es un cliente, sino un material que el artista utiliza para crear la obra. La participación del público y el trabajo colaborativo elogiado y promovido por “estética relacional” han extendido un concepto equivocado y parcial del papel del público en el acontecer de las obras de arte.

 

Los actores

Recuerdo haber asistido a una obra de teatro hace muchos años en Londres, donde un actor negro interpretaba el papel de un caballero rico en la Inglaterra de principios del siglo 19. Era la primera vez que había visto algo de esas características, un miscast perfectamente consciente y decidido, tanto para los artistas y el público. Era parte de las políticas de discriminación positiva, puestas en funcionamiento con el objetivo de luchar contra los prejuicios resultantes de las injusticias del pasado. Si los negros interpretan siempre el papel de los sirvientes, la gente (todo tipo de gente) estará predeterminada para verlos como siervos y darles puestos de trabajo propios de siervientes. Es mejor no tener un retrato perfecto de cómo era la situación en el pasado, y sin embargo facilitar el desarrollo de una sociedad más igualitaria.

El caso de Disabled Theatre es justo el contrario. Los participantes son actores profesionales, y han sido seleccionados porque son el casting perfecto para su papel, y su aspecto físico ayuda a transmitir las emociones invocadas el autor. La elección es aquí más real y más urgente que cuando un chico guapo es seleccionado para el papel de héroe o una señora vieja y fea para el de la bruja.

Los actores se han elegido tan acertadamente que no necesitan discriminación positiva, ya que los personajes que interpretan explicitan claramente los motivos que determinan esta decisión de casting, un asunto que generalmente se oculta. Se puede decir que la falta de conciencia del público sobre lo que están viendo aumenta la conciencia sobre el tema de la obra.

 

Continuidad

El día anterior había visto a los actores en el tranvía. Llamaron mi atención porque algunas personas, que presumiblemente habían estado en el público, les saludaron y les dijeron lo bien que habían estado la noche anterior. En ese momento no podía entender lo que estaba sucediendo. Pero después de asistir a la obra me pregunté en qué nivel se podía pensar que los actores hubieran estado tan bien. ¿Tiene este público el conocimiento y la capacidad para evaluar lo bien que estuvieron los actores? ¿En base a qué criterio?

Justo después de asistir a la primera actuación (en la que he experimentado como público todo el extrañamiento que explico arriba) entré a ver la obra por segunda vez para confirmar que los artistas eran actores, y para comprobar qué parte de la obra se deja a la improvisación. Muy poca, como he dicho.

La obra tiene una duración de una hora y media y, como en cualquier otra obra de teatro, en ese espacio de tiempo, el público llega a conocer las peculiaridades de cada personaje. Cada actor desempeña su propio papel: el tímido, el bromista, el incoherente, el descarado, el tierno… También hay tiempo suficiente para que el público pueda establecer una especie de gradación de caracteres, en base a la “consciencia” que el público proyecta en cada uno de los actores. Desde un personaje que se ve casi perfectamente “normal”, y que afirma que su discapacidad consiste en “dificultades de aprendizaje” hasta uno con síndrome de Down que parece tener una relación tenue con esta, nuestra realidad, y que encuentra dificultades para interactuar.

En esta gradación el público también encuentra su lugar, al comienzo de la obra en uno de los polos extremos, el de la zona segura del patio de butacas, pero tan pronto como se desarrollan las líneas de la obra, en un lugar ya no tan fácil de establecer. Hay un momento dado en el que dudar de la consciencia de los actores no es muy diferente de dudar de la consciencia de uno mismo. Cuánto de  consciente se es, es tan difícil de evaluar como cuánto dolor se está sufriendo.

Esta comunión con los actores también se experimenta, más vivamente, en términos corporales. Dentro de la gradación de los “diferentes” cuerpos, con sus propias dificultades y torpezas, mi cuerpo también encuentra su sitio. Todos los cuerpos son, en cierto grado, discapacitados y torpes. En qué grado no tiene importancia. Cuando el hechizo del arte ha sido lanzado y todas las barreras se han roto, el espectador se percibe a sí mismo inevitablemente desnudo delante de su propio cuerpo, en una experiencia de vergonzosa desubjetivación. La epifanía del arte ha tenido lugar.

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